En este blog contaré cosas personales, cosas que quizás os pueden ayudar o simplemente cosas que me vienen a la mente y necesito plasmarlas. Sea cual sea, espero os guste. Todo lo que vivimos nos marca y siempre intento aplicar en cada caso “que es lo que me ha enseñado esto” para así seguir creciendo.

Os cuento como viví el acompañamiento en la muerte de Ynka y como me sentía después ya que querría que entendierais lo importante que es acompañarlos hasta el último momento. Por ellos y por vosotros.

Siempre digo que ellos tienen mucha suerte de poder disponer de la eutanasia y cuando empiezan a sufrir hay que ayudarlos a irse de la mejor manera posible. Lo mismo que querríamos para nosotros, hacerlo con ellos. Verdad que no querríamos irnos solos si pudiéramos escoger? Ellos lo dan todo a cambio de nada, ellos merecen que si los tenemos que ayudar a irse quedarnos a su lado, acompañarlos, guiarlos, ayudarlos… 

Ynka tenía una pancreatitis. Estuvo 8 días luchando para seguir adelante, pero empezó a empeorar. Mi veterinaria me dijo que ya empezaba a sufrir mucho y que iba a sedarla por el dolor. Yo enseguida pensé en los humanos y supuse que si la sedaba, ya nunca despertaría. Antes de que la sedara la cogí y le pedí que me mirara a los ojos, pero ella no quiso. Me giraba la cara, tenía mucho de dolor. Me puse nerviosa de ver que no lo hacía y se lo pedí de nuevo con mucha energía, entonces ella me miró. Le dije mirando a los ojos que no se preocupara, que lo que ella decidiera hacer yo estaría a su lado, yo la ayudaría. Os juro que en ese momento ella descansó la cara, la mirada. Su preocupación de no poder o querer seguir luchando por si me fallaba desapareció, ya que le hice saber que yo respetaba su decisión y además la ayudaria. 

Ynka siempre había sido una perra muy trabajadora. El último año estuvo muy mala de la espalda y patas de atrás por una dolencia y no tuvo otra para retirarse del trabajo y jubilarse. A mí me costó un año para asumir que ya nunca más trabajaríamos juntas. Cada vez que el resto de nuestros perros salía a trabajar y ella veía que se quedaba lo llevaba fatal y yo también. Intentaba que alguna vez si era un trabajo de un perrito de energía más bajita, saliera a hacer todavía algo y ese día era un regalo para ella. Pues bien, yo pienso que ella no llevaba bien el no poder trabajar. Tener que ver las horas pasar y ver como el resto hacía lo que a ella tanto le gustaba y ella ya no podía y se quedaba con los brazos cruzados. Haciendo todo este repaso de su último año pienso que ella quería irse porque ya no podía hacer lo que más le gustaba que era trabajar juntas.

La sedamos y después cada vez que intentábamos despertarla el sufrimiento del dolor volvía. Aquí entendimos que era el momento de ayudarla a irse, de despedirse. Mi veterinaria me dijo que cogiera las horas que necesitara porque al estar sedada no tenía dolor. Yo dije que no hacía falta, ya hacía muchos días y ella estaba muy agotada, que le había dicho que respetaría su decisión y ya era el momento. Hice como un pequeño ritual para despedirme, un ritual que de verdad os digo que fue “bonito”. Si, podéis pensar que en esos momentos nada es bonito pero os puedo asegurar que en cierto modo si lo fué porque ella se quedó en paz y yo también. Cogí toallitas y empecé a limpiarla toda. Las orejitas que momentos antes la habían pinchado para hacer una prueba, las patas donde había llevado y llevaba las vías, los ojitos, la boca… Iba limpiándola tan suavemente y con tanto amor…

Mientras lo hacía me iba mentalizando de lo que estaba pasando. En esos momentos es muy duro no llorar y/o estar mal pero es muy importante no hacerlo porque ellos te sienten, lo notan. Cuando acabé de limpiarla le dije de todo corazón lo que sentía por ella, ya lo había hecho muchísimas veces pero esa vez era la más importante. Tenía que entenderlo y tenía que saberlo. Tenía que llegar hasta dentro de ella. Para acabar le di las gracias por todo lo que había hecho y sobre todo todo lo que había hecho por mí.

A continuación empezó el proceso de dormirla por siempre jamás. En todo momento estuve acariciándola y guiándola. Transmitente seguridad y guiándola. Es muy duro cuando hacen el último aliento… Cuando pasó, no me hundí enseguida ya que justo semanas antes leí un artículo que decía que cuando morimos el cerebro todavía está 10 min activo y lo escuchamos todo. Entonces pensé que en ellos sería igual y continué manteniéndome entera y guiándola. Cuando pasó mucho rato, mucho más que 10 min, ya supe que no estaba y que todo había acabado. Os puedo asegurar que me sentía bien de haber podido estar a su lado hasta el último momento y hasta el último momento esa complicidad que teníamos hizo que supimos lo que tocaba hacer. Si, es muy duro y triste y hoy en día no tengo superada su ida, el luto. Pero también es cierto que esa paz no tiene precio y esto hace que lo lleve mejor.

También es cierto que los consejos recibidos y la ayuda veterinaria hace un papel sumamente importante y por eso siempre estoy agradecida de mi equipo de veterinarias de Centrevet, a mi veterinaria Cris.


Ynka, desde que tú no estás todo ha cambiado. Incluso mi manera de trabajar, lo supe el primer día que volví al centro de trabajo sin tí. Pero siempre estaré agradecida por todo lo que me enseñaste y compartido conmigo. Te añoro mucho y te quiero con el alma.

Por siempre jamás, Ynka.